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Las virtudes del precepto

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Las virtudes del precepto

Así como el ser humano debe ser agradecido con D’s por la vida y el bien que este le otorga, de igual manera debe agradecer a sus padres por la vida y el bien que le han prodigado. Estudiamos que, así como es preceptivo honrar a D’s de igual manera se debe honrar a los padres, tal como fue dicho: «Honrarás a tu padre y a tu madre» (Shemot-Éxodo 20:12). Y así como tenemos el precepto de temer reverencialmente a D’s, de igual manera debemos dirigirnos hacia nuestros padres con veneración, tal como fue dicho: «Cada hombre a su madre y a su padre habréis de venerar» (Vaikrá-Levítico 19:3). Así como la Torá nos ordenó no maldecir a D’s, de igual manera nos prohibió hacerlo con nuestros padres. Dijeron nuestros sabios: «Hay tres socios en una persona, el Santo Bendito Él, su padre y su madre. Cuando se respeta al padre y a la madre el Santo Bendito Él dice: Considero como si me hubiera hospedado en vuestra casa y me hubierais honrado». La enorme importancia de este precepto la aprendemos del hecho de que es uno de los Diez Mandamientos (arriba 2:17).

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